jueves, 31 de octubre de 2013

El río que fluye.

Un sabio llamado Cristin estaba sentado a la orilla de un río, este sabio observaba el fluir del agua, escuchaba el sonido de los árboles y veía como el agua arrastraba hojas y ramas.



Un caminante se acercó y le preguntó: 
- ¿Que haces amigo?
- Estoy pescando. - Contestó Cristin sin decir nada más.
El caminante se acercó y observó que el sabio no llevaba caña ni utensilio alguno para la pesca. Entonces le increpó.
- ¡¡ Estás loco !! tanto mirar el agua te trastornó... ahí te quedas - Y continuó su camino.

Al rato otro caminante se acercó...
- ¿Que haces amigo?
- Estoy pescando. - Contestó Cristin sin decir nada más.
El caminante se acercó y observó que el sabio no llevaba caña ni utensilio alguno para la pesca.
- ¿Estás loco? No tienes nada con lo que pescar, ¿acaso me tomas el pelo?
- No caminante, no osaría en hacer eso. Estuve caminando por la rivera y ahora simplemente estoy aquí pescando en la orilla del río.
El caminante se enfadó mucho, pensaba que el sabio estaba burlándose de él. Se puso delante de él y le golpeó.
- ¿Pero como que pescando?.... No te burles de mí, no te lo consiento. Estúpido, ¿quien te habrás creído que eres?, maldito seas. ¡¡sabio loco!!
Dejándolo herido con alguna magulladura se fue.

Pasó el tiempo y muchos caminantes pasaron, simplemente miraban a Cristin, algunos le tiraban alguna moneda o pan y continuaban su camino. 

Un tercer caminante se paró y preguntó a Cristin.
- ¿Que haces buen hombre ahí sentado?
- Estoy pescando. - Contestó Cristin sin decir nada más.
- Vaya, que interesante, no veo tu caña ni tus utensilios de pesca ¿te importa que me siente contigo y me explicas como lo haces?
- Por supuesto que no caminante, siéntate si quieres a mi lado.
Cristin le tendió la mano y cuando el caminante la cogió sonriente para sentarse a su lado, Cristin le dijo:
- Gracias caminante, acabamos de pescar una bonita pieza, creí que como tantos, pasarías por mi lado y no te detendrías, quizá me arrojaras algo de poco valor o quizá me harías daño. Pero te paraste a hablar conmigo y a intentar entenderme. Gracias caminante.

En ese momento el caminante comprendió. 

El agua fluye constantemente, trae objetos, sonidos, experiencias, dolor, alegrías, vida y muerte, pero sigue fluyendo sin parar. 
Tu estarás ahí caminando en la ribera del río o simplemente sentado, mirando, escuchando, sintiendo, pescando algo de lo que a tu alrededor sucede, pequeñas piezas que no te llenarán mucho... 
En un momento determinado alguien o algo especial pasará a tu lado y entonces será el momento de la gran pieza, entonces merecerá la pena el tiempo de espera, los sedales y las cañas rotas. 
Quizá creías que sería el pez más grande, más hermoso que nunca tendrías, pero si el te lo pide deberás dejarlo marchar, quizá tenga que haber más hasta que lo encuentres.

Todo alimentará tu Ser para que cuando llegue el momento tengas la preparación y el conocimiento necesario para saber quien debe permanecer sentado contigo a la orilla del río.
Simplemente aparecerá y Tu lo sabrás el resto de peces, simplemente, aprende y déjalos marchar.

"Dicen los budistas que nuestra vida es un río, que navegamos en una balsa hacia el destino final. El río tiene su corriente, velocidad, escollos, pozas y otros obstáculos que no podemos controlar, pero contamos con un remo para dirigir la embarcación sobre el agua. De nuestra destreza depende la calidad del viaje, pero el curso no puede cambiarse..."

Mucha Luz en tu Camino personal.